lunes, 27 de mayo de 2013

Reformas estructurales 
y crecimiento

Credito:
Isaac Katz
El desempeño de la economía mexicana en los últimos 30 años ha sido mediocre, con una tasa promedio de crecimiento del PIB por habitante menor a 1% anual. El arreglo institucional vigente no es el que se necesita para inducir más crecimiento, ya que los incentivos que se derivan de éste no están alineados con el objetivo y sí, por el contrario, lo inhiben.
Algunos de los elementos que castigan el crecimiento económico son: la deficiente definición de los derechos privados de propiedad junto con una pésima garantía jurídica de estos derechos, corrupción en los tres niveles de gobierno, persistencia de prácticas monopólicas en sectores clave, como energía y telcos, altas barreras regulatorias de entrada y salida de los mercados, un notoriamente deficiente arreglo en la tenencia de la tierra agraria, sistema de seguridad social que impone un impuesto al empleo formal y que subsidia el empleo informal en pequeñas unidades de producción que son muy poco productivas, mano de obra con muy bajo nivel de capital humano y un diseño del sistema tributario que no solamente implica finanzas públicas estructuralmente débiles, sino que no genera los incentivos para el trabajo, el ahorro y la inversión.
Es en este contexto que se apuesta a que las reformas estructurales que se han aprobado, y las que se programan por hacer, impulsarán el crecimiento económico derivado de una mayor tasa de inversión pero, más importante aun, a través de una mayor productividad factorial total. La reforma a la legislación laboral, que introdujo una mayor flexibilidad en este mercado, aunque sí tiene un impacto positivo sobre los incentivos a crear más empleos formales y probablemente crear los incentivos para una mayor productividad, por sí misma no es suficiente, ya que las empresas se siguen enfrentando a significativas barreras que les hace muy costoso crecer.
La reforma educativa, suponiendo que las modificaciones a la legislación secundaria que faltan sean las correctas, tendría un impacto positivo en la calidad de la educación, pero su efecto sobre la productividad sólo se manifestaría a largo plazo. La de telcos, faltando aún las modificaciones a la legislación secundaria, claramente tendrá un impacto positivo sobre la competencia en este sector, lo que llevaría a menores precios y mayor eficiencia, beneficiando la productividad.
La propuesta de reforma financiera, de materializarse, sí introducirá mayor competencia en este sector, una mayor penetración financiera en la economía y un menor costo del crédito. Sin embargo, su efecto sería limitado mientras las empresas sigan enfrentando elevados costos regulatorios para crecer y el impuesto al empleo formal, que se deriva del arreglo en materia de seguridad social.
En materia energética, la reforma debe ir más allá de sólo permitir la inversión privada en la producción. Lo que tiene que buscarse es introducir elementos de competencia en este sector, tanto en la producción como en la distribución. Mantener el esquema actual difícilmente tendrá un impacto positivo sobre la eficiencia y la productividad.
Finalmente, la tributaria, además de fortalecer las finanzas públicas, tiene que ser una que derive en generar los incentivos al trabajo, el ahorro y la inversión.
Mientras tanto, la economía seguirá creciendo muy poco

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